domingo, 24 de abril de 2011

Un edificio de “energía positiva”



“De Bonne Energie” es una construcción de Grenoble, Francia, cuya particularidad es la de ser un edificio de “energía positiva”, es decir, que produce más energía de la que consume.

Este edificio de 1.600 m2 alberga oficinas que poseen una demanda de energía menor que la producción de sus placas fotovoltaicas.
Se utilizaron dos “claves” para lograr esta maravilla: Reducción de la necesidad de energía y generación energética mediante placas fotovoltaicas.

El tapón térmico
Para reducir el consumo de energía se implementaron diversos sistemas de control de confort térmico. El sistema “Buchon thermique” (algo así como “tapón térmico”), por la noche tapa totalmente las ventanas, con lo que tan sólo pierde 1 ºC. Por el día, estos sistemas dejan pasar los rayos solares para calentar el interior. Junto con otras medidas, como las ventanas de triple acristalamiento y un alto nivel de aislamiento, este edificio tan solo necesita bombas de calor de 5 Kw[1]… para la calefacción total. El consumo anual del edificio es de 28,74 kWh/m2 – 41.300 Kw/h.
Por otra parte, para la generación de electricidad se instaló en la cubierta del edificio un sistema fotovoltaico de 435 m2, que proporciona 47.500 Kw/h al año, es decir, menos de  los 41.300 Kw/h anuales que consume efectivamente.


Retorno de inversión
Aunque evidentemente para la construcción de este edificio se ha necesitado una inversión mayor que otro edificio de oficinas “estándar” y, por lo tanto, también tiene precios de venta o alquiler más altos (aproximadamente 525 €/m2), la ausencia de gastos en suministros eléctricos para climatización o para el funcionamiento del equipamiento de la oficina permite recuperar dicha inversión fácilmente.
En este edificio de Grenoble hay excedentes de producción energética que generan beneficios directos. Lo mejor de todo es que no estamos hablando de un proyecto futuro, ni de un edificio experimental desarrollado por una universidad, sino de un edificio de oficinas real, que ya existe y cuyos espacios se venden mediante los canales tradicionales del sector inmobiliario.
Queda claro que se pueden construir edificios con un impacto medioambiental mínimo y que es posible vivir y trabajar en edificios energéticamente limpios, eficientes y autosustentables.
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